Un espacio de libertad

No se puede concebir el Rastro sin la presencia de Paco Clavel, el eterno rastreador de sus calles desde que llegara a Madrid y permanentemente fiel. Esta entrevista no podía tener lugar en otro sitio que no fuera en nuestro barrio favorito, en el Laberinto o 2 (antes Ángel Blanco), una de las tiendas de la que es cliente desde sus inicios.

NRM: ¿Qué es para ti el Rastro?
PC: Cuando vine a Madrid a finales de los 70 era como una salida. Durante los días normales la gente se podía poner sin regulación. Era muy divertido porque de repente te encontrabas porquerías y de vez en cuando algo que te gustaba, yo era ya muy adicto… en los 80 tenía un puesto en el que vendía cuatro libros, pero siempre he estado muy ligado a todo lo que conlleva el Rastro.

NRM: En esa época coincidiste con otros artistas como Alaska, Pérez Villalta, Manolo Campoamor ¿qué recuerdos tienes?
PC: Entonces nadie era famoso. Recuerdo que era normal encontrarte con gente que conocías como Carlos Berlanga, Alaska, Bernardo Bonezzi, Pérez Villalta… muchos tenían puestos y al final todos terminábamos en la Bobia. Alaska y Carlos Berlanga vendían fanzines y cualquier porquería.
Recuerdo que compré a Carlos Berlanga un disco de Carmen Sevilla, que sería un “remake” del padre. Era una etapa divertida, muy anárquica, a la que luego se ha denominado como “La Movida”.

NRM: ¿Recuerdas algún tesoro que hayas encontrado en este tiempo?
PC: Yo mayormente discos, pero no joyas de un Pérez Villalta. Aquí en el Laberinto 2, donde estamos, chaquetas, cosas de vestuario…, siempre cosas interesantes. Una de las últimas fueron unos cuadros enormes de un club de fans de Raphael que no sé dónde ponerlos, ¡pero me hicieron tanta gracia!… uno de ellos era una especie de lápida queponía “Raphael”.

NRM: ¿Tienes alguna anécdota especial de esa época?
PC: Venir al Rastro era como algo cotidiano, era el sitio donde te encontrabas con mucha gente, sobre todo los que se dedicaban un poco a la música. Yo he tenido contacto con gente de todo tipo, yo no tenía ni prejuicios ni perjuicios… era como un punto de encuentro con amigos que se dedicaban a la música, a pintar, Almodóvar al cine, ese rollo, pero que no le dabas importancia, era algo natural.

NRM: Mucha gente dice que era el único espacio de libertad real que había en Madrid donde podías reunirte.
PC: Sí, eso fue muy importante porque ya en la última etapa del franquismo, cuando había manifestaciones, era un punto de encuentro de la gente, aunque también un poco peligroso. Venía gente normal, los “domingueros”, a dar una vuelta y a comprar cualquier cosa, y te encontrabas a la gente corriendo, deambulando, para arriba, para abajo… era un punto de encuentro y un espacio de libertad donde no te podían cazar… o era más difícil.

NRM: ¿A qué hora solíais llegar?
PC: A partir de las 12. Algunos que se quedaban colgados durante la noche enlazaban con el Rastro, pero eso siempre ha ocurrido. Sobre todo, la gente que veníamos a pasear, a mirar, a verte con otros, veníamos a partir de la una o de las dos y ya podías alargarlo hasta que tú quisieras.

NRM: ¿Y luego el punto final en la Bobia?
PC: Sí, la Bobia era un punto de encuentro con mucha gente.

NRM: ¿Era una zona de amistad y también de ligoteo?
PC: Había de todo, había encuentros fortuitos. En eso hemos decaído un poco. Antes había más libertad para enrollarte, ligar o no ligar… personas que no conocías de nada, ya un poco más tarde, se decía “vamos a casa de Pepito Pérez, te vienes, ¿no?” y allí había un montón de gente que no conocías de nada y estaban a su aire.

NRM: Supongo que en alguno de esos encuentros o de esas fiestas encontraste a Costus o visitaste la famosa casa de la calle La Palma donde rodó Almodóvar Pepi, Luci, Boom. ¿La conociste?
PC: Sí, estábamos todos por ahí. Yo me hice amigo de Pepe Rubio, que fue un diseñador muy importante que no ha sido reivindicado y que a mí me hizo muchísimos modelos. A través de él conocí a Costus antes de ser famosos. Luego también fue muy importante la inauguración del Rock-Ola, el Sol, la Vía Láctea. Ahí me apoyaron muchísimo, en la Vía Láctea… fue cuando Costus presentó sus cuadros, un punto muy curioso eran las puertas de los baños que representaban el Gran Poder afeitándose en la puerta de los chicos y la Macarena empolvándose la nariz en la puerta de las chicas. Las tuvieron que quitar por denuncias.

NRM: ¿Algún recuerdo de gente enigmática de aquel momento? ¿Tino Casal, por ejemplo?
PC: Tino ya venía de antes. Era muy amigo de Costus y era de un entorno aparte de lo que fue todo el mundo de La Movida. Ahí estaba todo revuelto.

NRM: Había como dos centros, uno el de la Bobia para el tema Movida y otro la Mandrágora, donde estaba el grupo de Krahe, de Sabina, etc. Son generaciones distintas y en algún momento coinciden, pero no teníais mucha relación ¿no?

PC: Yo sí, yo tenía mucha relación con mucha gente. Recuerdo un día que me dijo Sabina “te voy a hacer un disco” cuando él empezó en la CBS. Yo grabé Reina por un día en la misma discográfica y hemos tenido siempre contacto… Yo era un poco combativo; en ese momento se estaba legalizando
el partido comunista, aunque yo no lo fuera, pues soy libertario, ahí estábamos todos. Era una amalgama de gente y no podías decir esto es así o de otra forma. Yo tenía muchos contactos… aparte de las alaskas y los alaskos, etc., Sabina me caía muy bien.

NRM: También tenías muy buena relación con Nacho de Mecano ¿cierto?
PC: Con Nacho sí. Estábamos en la misma compañía de Jesús, en la CBS, y ellos sacaron el disco de Hoy no me puedo levantar y yo Reina por un día. Era el primer LP y a mí me hacían un poco más de caso, ya que me llamaban de emisoras para entrevistas y a ellos no les llamaban. Yo les decía: “pues venid conmigo”, pero lo decía naturalmente, no por nada. La verdad es que, dentro de mi historia, algo les apoyé. Y en septiembre fue cuando empezaron a despuntar.

NRM: ¿Ellos estaban dentro del circuito de la Bobia? ¿No eran un poco ajenos?
PC: Algunos protagonistas de La Movida eran un poco más elitistas, como Bernardo Bonezzi, Carlos Berlanga, Nacho Canut, Alaska o los Mecano.

NRM: ¿Pedro Almodóvar no era tan diferente?
PC: Pedro era más listo

NRM: ¿Alaska también era lista?
PC: Alaska también. Es otro mundo. Sabían cómo infiltrarse, con quien se codeaban…

NRM: Siendo tú tan interesante en esa época ¿nunca has sido un chico Almodóvar, ni nunca te han dado un pequeño papel?
PC: No, yo solamente salgo en Tacones lejanos en la escena con Victoria Abril que sale haciendo guarrerías en un sitio y yo estoy en un cartel enorme. Pero no he hecho nada con Pedro, no se ha acordado de mí… y yo tan contento.

NRM: Eres un clásico del Rastro y se ve que eres muy popular porque la gente quiere hacerse fotos contigo. ¿Crees que es un lugar especial?
PC: Soy muy rastrero. Las personas quieren acceder a alguien que conozcan de algo o que haya salido en la tele. El público callejero me ha tratado muy bien, me tienen estima, yo lo veo porque me dicen que me han seguido, me han oído en la radio, me han visto en la tele… y yo encantado de la vida. No he tenido nunca ninguna pega.

NRM: Tengo entendido que eres un gran coleccionista que hay de música.
PC: Me gusta mucho la música y para escuchar música tienes que comprarla.

NRM: ¿Hay alguna joya discográfica especial que hayas encontrado en el Rastro?
PC: No tengo prejuicios para escuchar música, puedo escuchar desde un cuplé hasta rock and roll, pop… lo que sea. Encontré, por ejemplo, un disco de pizarra de Pilar Arcos que se llama La Cocaína.

NRM: ¿Quién era Pilar Arcos?
PC: Una vedette de los años 30 muy interesante. Tuvo un desengaño y se tiró a la coca. En aquella época el estribillo decía abiertamente: mi juventud ya declina de tanto probar cocaína.

NRM: Creo que también has encontrado discos que están ilustrados o dedicados…
PC: Tengo un disco muy interesante que yo creo que me lo regaló el dueño de La Metralleta; era de Tino Casal. Allí estaba viendo discos y, de repente, veo la firma de Costus en la carátula de un LP de Rosa María Lobo… había puesto “A la Casal en su cumpleaños. Costus”. ¡A la Casal!… y lo tengo como oro en paño, sí. Tengo otro de Bowie que me firmó cuando vino aquí en uno de sus últimos conciertos que dio en Televisión Española. Yo estaba grabando un programa y me dijeron que estaba Bowie para un concierto. Mientras colocaban los focos, el sonido, etc. y los músicos estaban fuera del camerino, aproveché para saludarlo. Resulta que vio los discos que yo llevaba para el programa, pero ninguno era de él. Uno de ellos era de Rod Stewart… era de futbol y, no sé por qué, comenzaron a reírse. Para ellos debía ser el Georgie Dann inglés. Entonces, me cogió el de la Barbie y, como ponía Barbie Superstar, borró Barbie y puso detrás Supestar Bowie. Qué listo, ¿no?

NRM: ¿Cuántos discos tienes?
PC: Pues muchísimos. Ni sé lo que tengo.

NRM: ¿Has pensado hacer algún tipo de exposición?
PC: Es que no lo he movido. Yo no tengo mucho interés en trascender… y tampoco tengo cosas que valgan muchísimo. Sí tengo cientos de cosas curiosas como el disco de Cocaína.

NRM: Podrías hacer la historia de España a través de la música, que es muy interesante.
PC: Sí, se ha hecho algo con el cuplé. En eso me manejo bastante bien, me gusta y sé cómo va la historia de la música aquí en España desde esa época hasta ahora.

NRM: ¿Conoces algún libro sobre la historia de España a través de la música?
PC: Hay cosas segmentadas, especializadas, de diferentes áreas. Es que hay muchas facetas dentro de la música: el punk, la revista, el pop, el cuplé, rock and roll… la música en español la controlo más o menos.

NRM: ¿Y la relación de España con América Latina? ¿Hay bastante fuerza?
PC: Tengo muchos referentes de la música latina, pero estoy más especializado en la música española.

NRM: ¿Cambiarías algo del Rastro o lo dejarías tal y como está?
PC: El Rastro ha sido como un rollo más popular, como un respiro y en cierto sentido como muy libertario, pero es que últimamente ha cambiado mucho.

NRM: ¿Ha cambiado para bien o para mal?
PC: Yo creo que para mal.

NRM: ¿En qué aspecto?
PC: Antes había más movimiento en la calle. Cualquiera podía traer sus cosas, las soltaban ahí, tú podías husmear y te llevabas lo que te gustaba y, además, super barato, claro. Ya han ido regulando y ahora tienes que pagar; antes te librabas si te ponías a partir de las doce, cuando ya no pasaba la policía, y estabas hasta las tres o las cuatro todos los días en la plaza del Campillo. Había sitios donde podías encontrar discos que se importaban de Londres, de cantautores… A partir de la aparición de las redes sociales todo ha cambiado, es otra cosa. La ventaja que teníamos es que era un sitio de encuentros y descubrimientos. Lo otro es navegar por la red y es muy impersonal, no te vincula directamente. Yo tengo una foto en el Rastro vendiendo libros y yo no pagaba. Te sacabas unas pesetillas y era muy divertido. Ahora todo son euros y todo es Europa.

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